Medialab Prado

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Ciudad inclusiva

Elaboración de la propuesta: Alma Orozco, Carolina Jiménez Pizarro y Mario Toboso.

10 años

Dibujo de Francesco Tonucci (Frato) en "La maquinaria escolar". Contratiempos. Textos de pensamiento radical.

 

Ciudad Inclusiva es el nombre con el que el taller Funcionamientos se integra en la convocatoria de proyectos Madrid Laboratorio Urbano. En su segundo año consecutivo de experiencia, el taller Funcionamientos aspira a recibir y dar espacio de desarrollo a aquellas propuestas que, planteadas desde la temática general de la convocatoria marco, se orienten hacia la generación de diseños inclusivos, accesibles y participativos aplicables a los entornos urbanos, tomando como base la idea de “diversidad funcional”. Como parte de esta idea importante, en la convocatoria actual del taller Funcionamientos se introducen y tematizan como novedades algunas cuestiones que relacionan infancia, mayores y ciudad, pero también podrían relacionarse, por qué no, las cuestiones relativas a migración o las relativas al género, vinculadas todas estrechamente a la inclusión cuando se piensa en colectivos a tener en cuenta. Estos temas, en las instituciones, estructuran espacios departamentales que en ocasiones obligan a hacer un trabajo que entiende a la persona de manera fragmentada al ser tratada por parcelas. Evidenciarlo,  permite problematizar esta cuestión y facilita, así, el acceso a una perspectiva que aborda la inclusión de manera  integral para que esta se realice.

La ciudad considerada o interpretada a la manera de un “Ecosistema común de funcionamientos” es una noción susceptible de ser explorada a lo largo del taller, una noción que enlaza, pensamos, con la de ecosistema del futuro común, o del futuro como procomún, si nos situamos de lleno en una perspectiva temporal.

A tales planteamientos subyace la idea de la ciudad como un espacio abierto a todos y a todas, a la participación de todas las personas que lo habitan, que lo hacen “lugar” de sus prácticas cotidianas, parte de una historia compartida, “suyo”, en una palabra, “apropiado” y dotado de significado.

Los diseños abiertos desde la diversidad no descansan sobre la idea de todos/as iguales, sino, más bien, todos/as diferentes, constituyendo esta diferencia, precisamente, la base que define la diversidad desde la que se plantean y adquieren intención y sentido tales prácticas de diseño, que se aplican al diseño de cualquier cosa dentro de esos ecosistemas comunes de funcionamientos, ya mencionados.

La apropiación social del espacio urbano implica, pues, dotarlo de significado y significados, a través de los usos significativos del mismo. Por esto pensamos que la ciudad debe ser contemplada como un laboratorio en el que se suceden de manera continua prácticas de innovación ciudadana, que al no ser detectadas por los indicadores habituales ni por los sistemas actuales de medición de la innovación, invitan a plantearnos y llevar a cabo un ejercicio creativo y re-creativo para rescatar y sacar a la luz esa innovación “oculta” y plantear el contexto a través del cual puede ser llevada a la práctica de manera eficaz y relevante.

Muchos, infinitos, son los lugares desde donde miramos la realidad, y a la hora de evidenciar nuestra propia perspectiva es necesario asumir que todo conocimiento es siempre parcial y situado. Por ello, cuestiones como: ¿qué comunidades enriquecen actualmente el ecosistema común de funcionamientos de esta ecología social del procomún y mantienen vivos sus discursos, y qué otras comunidades podrían sumarse y llegar a existir?, son preguntas cuya formulación adquiere sentido pleno en nuestro taller.

Diferentes comunidades transfieren su conocimiento y sus prácticas, a través de la permeabilidad implícita en el acervo de intereses, objetivos, preocupaciones, problemas, valores y fines que comparten con otras comunidades en el territorio común que para todas ellas supone la ciudad, el entorno urbano, en el que tales conocimientos y prácticas se ponen en juego, ya sea estratégica o tácticamente. Ante la pregunta fundamental: ¿Cómo trascender las prácticas, representaciones y valores instituidos, con el fin de acoger nuevas formas particulares de ser y hacer, nuevos funcionamientos, que constituyan un nuevo habitar?, a modo de respuesta tentativa cabría pensar en la generación, la producción y el establecimiento de nuevos espacios en los que situar y dar vida a los nuevos discursos, donde alimentar las nuevas prácticas, representaciones y valores que los constituyen y dan forma. Espacios, por supuesto, no ligados exclusivamente a lo urbano, lo físico y lo material, sino de manera muy relevante a lo digital y a la denominada “cultura digital” como englobadora posible de todos esos nuevos discursos.

A fin de cuentas, lo medular del espacio físico que representa la ciudad, es que se convierte en un lugar para experienciar, para percibir y posibilitar que diferentes cuerpos puedan participar y ser parte. En ese sentido, la convivencia adquiere relevancia, como aquella instancia que permite ir construyendo ese territorio común, ese sentido espacial de pertenencia y habitar, un “ethos” que nos hermana en una casa de todos.


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