Place: Medialab-Prado. Plaza de las Letras, C/ Alameda, 15 · Madrid
Lecture by Jordi Claramonte: Basic Elements to Think a Theory about the Aesthetic Commons, Rescue the Aesthetics as a Theory of Sensibility and Make Holes in the Fences of Arts Hunting Grounds.
Ways of relation, repertories and dispositions. The gloss as a device of generative reception. [live streaming]
Jordi Claramonte ArrufatText in Spanish:
Esta primera comunicación del grupo de investigación sobre el Procomún Estético, va dirigida a presentar y discutir algunos elementos que creemos fundamentales para elaborar una teoría de la sensibilidad estética y la producción artística que devuelva sus bases al campo del procomún y sus procesos y resultados al campo de la autonomía. Nada menos.
Para ello y en primer lugar tenemos que dar cuenta de los procesos de „cercamiento“ que, tal y como explicó Marx, convirtieron los commons, los campos de labor en pastos y cotos de caza, para ver que, acaso en un proceso análogo, pueden haberse dado otros procesos de cercamiento que han hecho pasar la estética de ser una teoría de la sensibilidad a ser una seca tautología del poder, es decir, que han convertido también a a la estética en un paisaje de ininterrumpidos pastos y cotos de caza....
Ni qué decir tiene que estos cercamientos, todos ellos, han inducido procesos de „proletarización“ que han consistido históricamente tanto en el expolio de los campos, caseríos y formas estéticas que formaban los commons como en la progresiva y acumulativa pérdida de las competencias que permitían habitar esos commons. Inevitablemente, los cercamientos sucedían transformando un paisaje que servía de entorno, base y condición de los cambios mismos.
De esta forma hemos llegado a postular que una comunidad puede definirse mediante el procomún que comparte y que todo procomún consta de un nivel repertorial y uno disposicional dispuestos –conflictivamente casi siempre- en un paisaje.
Buena parte de la investigación epistemológica y antropológica de las dos últimas décadas se ha dedicado con un entusiasmo encomiable a inventar la rueda –en cualquiera de sus variantes- que nos permitía librarnos del paralizante dualismo sujeto-objeto en el campo de los análisis del conocimiento, la cultura o la sensibilidad. A nuestra versión de esa rueda dimos en llamarle "modos de relación" y bajo esa advocación pudimos considerar tanto el sujeto como el objeto de la sensibilidad estética y de la producción artística. En consecuencia, podíamos hablar de una "estética modal" que se caracterizaría seguramente, aparte de su apuesta por los modos de relación como unidades básicas de producción, sentido y evaluación, por vindicar determinados rasgos para pensar la articulación teórica de esas unidades de sentido y análisis, tales como la policontextualidad -es decir la asunción de multitud de contextos de sentido y valoración simultáneos-; un cierto carácter "situado" (algo más que embodied y menos que socialized, como diría un Hamlet modal), un carácter generativo y una contextura relacional que ahuyentara los persistentes fantasmas de lo ontológico .
Ahí estábamos, cuando al hilo del trabajo sobre el procomún se nos ha aparecido la virgen y hemos advertido que los modos de relación surgen del cruce de un nivel repertorial con uno disposicional en su performatividad situada en un "paisaje" concreto.
Entendemos lo repertorial como un conjunto relativamente estable de formas "primas" que dan cuenta del abanico de posibilidades que, en un momento dado, nos define como cultura o incluso (cuando nos ponemos marxianos) como especie. El polo de lo repertorial pretende dar cuenta de esa "relativa estabilidad", de esa constelación de formas que tienden a permanecer y que debemos evitar llamar identidad para no agarrotarla, pero a la que sí podemos reconocerle, necesariamente, una cierta remanencia.
Eso nos permite introducir el polo de lo disposicional como modo de asumir que siempre lo repertorial va a necesitar de una articulación que lo actualice, que lo ponga a definirse, como una musica que desde una base ritmica o melodica compartida se tiene que improvisar performativamente cada vez que se toca o se oye. Entiendo lo disposicional, por tanto, como elucidación generativa de lo repertorial, como conjunto de competencias, de inteligencias específicas que actualizan y despliegan de modos siempre diferentes las posibilidades contenidas en lo repertorial.
Pensamos el paisaje como una matriz de conflictividades, donde diversos modos de relación pertenecientes o no a una misma repertorialidad han de convivir. En muchos casos -con la globalización cada vez más- lo que el paisaje alberga son choques y encuentros de fragmentos, añicos casi, de diferentes repertorialidades y diferentes organizaciones de lo disposicional. A menudo, cada vez más, los repertorios aparecen fragmentados y las competencias extrañadas, convertidas en triste excepción o en patrimonio corporativo de expertos.
Considerar los diferentes paisajes y considerar la interaccion de esos dos polos -repertorial y disposicional- nos permite tambien dar cuenta de todo el gradiente a partir desde el que entender y ubicar a diferentes sociedades según se hallen -o crean hallarse- más apegadas a sus configuraciones relativamente estables o a la puesta en juego performativa de las mismas.
Ya en un plano operacional y de claro alcance político, se impone un trabajo de reconstrucción -tan impostado como queramos- del procomún repertorial y disposicional que nunca hemos tenido y que sin embargo echamos de menos cosa mala.
Esta es la idea desde la que empezamos y desde la que tramaremos las diferentes sesiones públicas del grupo de investigación.
No se como pegar aquí una imagen.He tratado de hacer un esquema de lo expuesto.Está en mi blog.
02.02.2010 09:18:29
Después de haber leído el documento inicial “El procomún estético” de Jordi Claramonte Arrufat y habiendo asistido a la reunión del 28 de enero en Medialab-Prado, sin haber llegado al final, al querer asistir a la Bicicrítica que viene ocurriendo todos los jueves de fin de mes a partir de las 8;30. Respecto a esto, creo en pocas cosas, pero si en la utilidad de participar en estos paseos ciclistas por las calles Madrid, Ya que pienso que además de hablar y pensar hay que hacer algo procomún para todos.
Dicho esto, quiero exponer algunas ideas surgidas a raíz de lo que recuerdo del debate. Yo soy el que dijo algo sobre los objetivos dinámicos, para que los que estabais, localicéis mi cara.
Estas son mis opiniones sin ningún riguroso fundamento, para ser discutidas:
Me gustaría preguntarme por el principio: ¿Cuándo y cómo nace el procomún?- La diferencia perceptible entre los seres vivos y los inanimado, célula vs. piedra, radica en que los primeros tiene objetivos perceptibles propios, por lo menos el de sobrevivir, y han luchado, y luchan constantemente, creando estructuras y mecanismos para sobrevivir. Además hay una voluntad, no creo que conciente, de perpetuarse como tipo o especie en el tiempo. El ADN, este biopolímero que relacionando desoxirribonucleótidos, constituye el material genético de las células con el único objetivo, a largo alcance, de perpetuarse en el tiempo; por encima de su ser físico. Son las estrategias de supervivencia como especies, sin finalidad superior perceptible o conocida que lo justifique, y en ello estamos todo bicho que se precie.
En los organismos superiores, las células miembros, tienen claras sus funciones, cimentadas en objetivos y relaciones procomunes de cierta estabilidad, para permitir la continuidad de la vida, por ello se necesita una serie de mecanismos relacionados, tan complejo como una ciudad.
Luego el procomún es una necesidad propia para su existencia de cualquier organismo complejo.
Otro problema añadido es la adaptación al entorno, que en los casos de seres que se enfrentan a un entorno cambiante, necesitan adaptar ciertos procedimientos y objetivos para poder seguir existiendo, requiriéndose ciertos órganos de control que decidan y definan los objetivos dinámicos de adaptación. Ahí nacen las jefaturas, y cuanto más complejo es el ser más necesario es el tener funcionando un cerebro o cabeza. Si le quitamos el cerebro a un organismo muy estructurado, poco dura. A no ser que se trate de un seres más complejos todavía, un ser descentralizado, donde casi cualquier célula pudiera ser reconvertida y ejercer el control de todo el organismo y cualquier célula pueda ser sustituida por otra y ejercer tareas semejantes. Esto se consigue en un sociedad humana, dónde casi cualquiera puede ser rey o poderoso, aunque algunos se empeñen en tener mecanismos mágicos para el designio del artista que gobierna. Muchos artistas gobernantes pierden el objetivo primigenio del bienestar común y buscan el bienestar personal estableciendo unas escalas de oficios y leyes de cercamientos, controlando los beneficios que le atañen, através de relaciones de control.
Toda célula o humano se hace con un repertorio: herramientas, conocimientos, destrezas que le permite subsistir. Tiene necesidades de mantener su propia existencia o bienestar. Por ello, con cierta disposición grabada en su ser para seguir viviendo y cubrir sus necesidades, decide, establece relaciones y consigue objetivos dinámicos dependientes del entorno, ajustadas al entorno o paisaje en que se encuentra, modificándolo a su vez, según su mejor bienestar y apreciación. Y nace el poder en los organismos superiores dotados de control e inteligencia. Estos seres inteligentes, conscientemente, para cubrir sus necesidades estéticas y vivenciales, incrementan recursivamente su propio repertorio.
¿Y la sensibilidad estética en su forma benigna o natural, o la teoría del arte en su forma estructurada? ¿Qué pinta en todo esto? Creo y puedo estar muy equivocado: que tiene relación con los objetivos dinámicos, canalizadas a través de las emociones, en aras de satisfacer necesidades reales o supuestas, en todo caso percibidas por el ser, y que tiene tanta importancia a la hora de establecer los objetivos y actuaciones dinámicas. El problema es el grado de conciencia que tiene el individuo en la percepción y que afecta tanto a lo disposicional. Y aquí me quedo.
29.01.2010 14:55:35
Antes de inventar la rueda, ¿sabemos adónde queremos ir?
La reflexión de este artículo está lleno de sugerencias
que nos ayuda a plantearnos los "móviles" de este tiempo que parece sólo conjugable en tiempo de futuro.
¿Hay alguna identidad propia de nuestra época? Si no, qué signo estético puede revelar hoy esa condición de levedad y vaciamiento hacia el futuro de nuestra época. O renunciamos a que el arte expresa su tiempo, y hacemos novela historica o arte futurista, puaf. La misma alienación de siempre.
29.01.2010 14:31:51
muy bien sugiero que incorporemos también la palabra "proreconstrucción",
que incorpora un sentido a favor por la acción, la vida y la memoria. La vida como decía María Zambrano, porque nosotros gritamos "viva".
27.01.2010 12:17:42