Medialab Prado

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Laboratorio sin muros

Reflexiones de Antonio Lafuente sobre cómo podría evolucionar el Laboratorio del Procomún.
Texto publicado en tecnocidanos, el blog de Antonio Lafuente.

Llevamos varios meses intercambiando ideas sobre cómo hacer visible el procomún, pero lo que llamábamos Laboratorio del Procomún no ha pasado de ser un seminario. El asunto entonces es cómo transformar el típico seminario de siempre en un laboratorio de ideas.

Durante varios meses hemos estado reuniéndonos en MediaLab-Prado (Madrid) un grupo de académicos y activistas para estudiar las distintas maneras de hacer visible el procomún. Tras muchas horas de discusión queremos aprovechar la experiencia para, junto con el colectivo barcelonés Platoniq, explorar nuevas formas de trabajo colaborativo que emulen las prácticas que llamamos de laboratorio.

Nuestro punto de partida ha sido deudor de las formas del seminario tradicional. Un estilo que básicamente consiste en convocar a varios expertos para escuchar la exposición de un invitado y después discutir el contenido de su intervención. Lo normal es que el evento, generalmente cerrado, dure un par de horas y que concluya, tras algunas preguntas y sus correspondientes respuestas, sin otro compromiso que volver a reunirse, quizás con otro invitado. Es muy raro que tras el encuentro surjan iniciativas comunes, pues su principal finalidad es clarificar el fundamento empírico y alcance teórico del aparato conceptual que vertebra la disciplina o el trabajo de un especialista. Cuando se trata de un seminario muy rodado, la mayoría de los asistentes conforman un colectivo homogéneo que suele repeler la asistencia de foráneos o extraños. Un seminario, en pocas palabras, institucionaliza un determinado sesgo disciplinario y al grupo que lo sostiene.

Un ciclo de conferencias imita la fórmula del seminario, pero busca la apertura al gran público, sustituyendo la competencia científica por el paternalismo académico y, en términos generales, recrea la escisión entre el conocimiento experto y el conocimiento profano. Ninguna de las dos fórmulas son satisfactorias si lo que se pretende es situar los debates en la calle sin prescindir del rigor ni del compromiso. Desde el principio queríamos experimentar formas de producción del conocimiento que no emularan las viejas prácticas del seminario o la conferencia, fórmulas que tal vez sean apropiadas en un mundo con escasez de información y con fronteras estrictas entre sabios y legos o entre la cultura de la precisión y la cultura de la emancipación.

Tras los primeros meses de trabajo en MediaLab se comprobó que el seminario mensual no nos garantizaba un mecanismo eficiente de capitalización de ideas, como tampoco un protocolo que permitiese el trabajo a distancia, colectivo y minucioso. Justo uno de los ingredientes que necesita el movimiento ciudadano, un dispositivo que favorezca el contraste de experiencias y la voluntad de construir un mundo más justo. Dos condiciones que puede garantizar un laboratorio que practique la pluralidad y la transparencia.

El propósito de este escrito es analizar la posibilidad de que un seminario sobre asuntos sociales y políticos se transforme en un laboratorio de ideas. Hemos tratado de hacerlo en unos términos no demasiado asociados a la experiencia de partida, de forma que nuestra propuesta pueda ser proyectada sobre otros posibles objetos. Cuando se lea aquí el término procomún puede ser interpretado de dos maneras: una, como alusión a nuestra experiencia concreta en MediaLab y, dos, como un término que señala al ámbito de lo compartido por la comunidad a la que apunta.

laboratorio

Muchas veces se dice que una familia, un hospital o un río son un laboratorio social porque (bien mirados) hacen aflorar relaciones o conflictos que permiten entender la totalidad o una parte significativa del entorno social en el que están insertos o, mejor dicho, que contribuyen a crear. Así, al proyectar la mirada sobre un fragmento del mundo puede verse su totalidad, lo que es tanto como decir que bastan unas cuantas variables (las que permiten proyectar, vertebrar, ordenar) para acceder a una compresión de lo general o lo global desde lo local. Al elegir las variables, al adoptar un protocolo que permite hacer estas simplificaciones sin que parezcan caprichosas o arbitrarias, se están haciendo explícitos varios signos de identidad:

  • comunitario: entender colectivamente el mundo o, en otros términos, apostar por un mundo hecho entre todos, un mundo común.

  • analógico: simplificarlo para que quepa en un plano, un esquema, un cuadro o una imagen o, en otros términos, crear un orden a todos accesible.

  • experimental: admitir la naturaleza tentativa, experimental, provisional del proceso o, dicho en otros términos, admitir que hace falta mirarlo muchas veces y por muchas personas para que sea fiable

En fin, un laboratorio sirve para hacer visibles aspectos ocultos (o desdibujados) de la realidad, así como para reunir fragmentos diseminados del entorno, lo que explica que muchos antropólogos o sociólogos afirmen que en la práctica un laboratorio crea la realidad. Y por eso no es sorprendente que la realidad pueda ser vista como un laboratorio o que el laboratorio pueda ser visto como lugar de producción y reproducción de la realidad. O, en pocas palabras, que cada vez es más difícil distinguir dónde empieza y termina el laboratorio, o cuáles son sus fronteras. Tanto es así, que hablar de laboratorio sin muros no implicar apostar por algo inexistente o ultimísimo, sino reconocer la dificultad para dibujar la línea divisoria entre el dentro y el fuera de lo que (allí) sucede.

protocolo

La clave está en esos protocolos que convierten los datos en pertinentes o, en otras palabras, en compartidos. Y aunque los haya de muchos tipos, pues conforman un conjunto de reglas (o sea, convenciones) perfectamente adaptados al objeto (materia, asunto, problema, issue) del que se trate en cada ocasión, lo cierto es que todos comparten una característica en común: automatizan funciones, lo que significa que no son personalizados (no hay un protocolo hacia la genialidad), sino que pueden ser aplicados por cualquiera que haya sido convenientemente entrenado (o disciplinado).

El protocolo crea una comunidad de practicantes y su uso fomenta un lenguaje común, unos dispositivos acreditados y hasta unos estándares de ocupación del espacio, por eso se parecen tanto unos talleres a otros, lo mismo que sucede con los centros sanitarios, los jardines botánicos, los bufetes de abogados y los estudios de fotografía. O sea que a la regularidad que vemos entre océanos, montañas y selvas, hay que agregar la que se ve en las instituciones desde las que se estudian o, reincidiendo en lo dicho, en donde se los crea.

Si esta reflexión es correcta, entonces hay que darle importancia a la tarea de automatizar funciones y a la de construir un espacio que sea reflejo de la naturaleza de la actividad que queremos desarrollar, incluidos los protocolos y prácticas. Hablar de protocolos implica identificar el umbral de rigor y los compromisos que voluntariamente se quieren acordar como un estándar de conducta y que funcionarán como el mundo común que nos constituye y ayudamos a constituir. Un laboratorio es un espacio común, crea una comunidad de practicantes.

comunidad

La noción de comunidad es clave, aunque se hace preciso desvincularla de cualquier connotación orgánica, ideológica o creencial. Puede haber, y siempre las hubo, comunidades distribuidas y/o de extraños reunidas alrededor de un tema o de un problema. Son los llamados grupos de afectados o concernidos, son todos esos colectivos que se hacen visibles cuando una nueva tecnología (digamos un test, una intervención o una encuesta) los segrega del conjunto asignándoles/fabricándoles una tecno-identidad (por ejemplo, asmáticos, protésicos o motorizados) que puede ser contestada. También un laboratorio puede no estar formado por correligionarios.

Lo que sí es imprescindible es que esté conectado a otros nodos en una red que se configura alrededor de protocolos que garantizan la circulación de objetos entre nodos y que, en consecuencia, forman parte de una comunidad: comparten y crean un espacio común en red por el que se desplazan (es decir, se discuten y aquilatan) los objetos que entre todos (les) constituyen. En fin, no hay comunidad sin el rigor (respeto a los protocolos acordados) que permite producir objetos capaces de desplazarse entre diferentes ámbitos culturales y espaciales. Y cuando no se desplazan, cuando no hay interoperabilidad, no puede crecer el común que sostiene (a) la comunidad.

procomún

No hay procomún sin comunidad, y viceversa. Pero, ¿a quiénes representan los miembros del laboratorio o, recíprocamente, quién se siente representado por lo que allí se hace? El laboratorio no es una charla de café ni un seminario académico. Su función no es clarificar conceptos, como tampoco hacer amigos o hacer carrera. Sin duda cumple la función de trabar conexiones entre personas y cosas, ya sean estas “colaboratores” (co-laboratorio) o usuarios ocasionales, ya sean conceptos, espacios o libros. Su principal función no consiste en hacer de portavoz vicario de la naturaleza o del Estado, como decían los modernos o quienes apoyaron la Revolución francesa, respectivamente. El objetivo principal es hacer visibles comunidades emergentes de concernidos: darles la palabra, darles el tiempo, darles la experiencia, darles la tecnología, darles los media, darles las palabras.

El laboratorio no está para pensarlos, sino para pensarse a través de ellos. Más aún, al no imitar todas sus características históricas y antropológicas, nuestro laboratorio no es un espacio de exclusión, cerrado a la mirada y presencia de los públicos, sino justo lo contrario, pues de lo que se trata es de implicarlos en la configuración del mundo.

El procomún entonces es creado y recreado, conectado y reconectado: nace de la interacción entre los concernidos que echan en falta algo que se les está negando y que lo daban por hecho, heredado o inalienable. El procomún es un estado de emergencia (por imprevisible y por urgente), surge del empoderamiento de los afectados que reclaman derechos amenazados o destruidos. El procomún redime a los públicos de su condición de súbditos/consumidores y fragmenta la sociedad en comunidades resistentes a la realidad. No hay procomún sin comunidad: hacerlo visible es el trabajo del laboratorio.

laboratorio sin fronteras

cómo

qué

laboratorio

protocolo

comunidad

procomún

experimental

automatizar funciones

interoperabilidad

concernidos

Desarrollar modos de proceder colectivos y mediados por dispositivos que conviertan los tentativo en consensuado

Buscar los elementos que cohesionan las comunidades y (a través de ellos) hacer visibles la existencia de afectados.

wiki como laboratorio

economía del don: prestación y agonía

inventario de objetos/comunidades

hacerlos visibles


dinámica

Todas estas ideas pueden llevarse a la práctica siempre que se quiera transformar el tradicional seminario de trabajo en un laboratorio de ideas. Antes de describir las iniciativas que sugerimos, dedicamos unas líneas a evaluar el asunto de la espacialización. Las cosas deben organizarse para fomentar un ambiente abierto y colaborativo. Somos conscientes de que son muchos los que expresan este deseo y que es más fácil hacer declaraciones de intenciones que lograr una atmósfera verdaderamente participativa. Pero también sabemos que la tarima que eleva la posición del “conferenciante”, la mesa que separa los ámbitos de quienes hablan y quienes escuchan no son artefactos que favorecen la horizontalidad.

La disposición que nos parece más neutral desde el punto de vista espacial es circular, de forma que los co-laborantes y los co-laboradores, así como el público, se disponen alrededor de un vacío central en capas concéntricas. La cámara que filma cada sesión debe evitar situarse en una posición que vuelva a centrar lo que inicialmente ha sido diseñado para que no se construyan jerarquías (mediáticas) que no necesitamos.

Dos líneas más. Hay muchos dispositivos que se consideran eficaces y que nos apartan del modelo que buscamos. El think tank, el taller o el comité son estructuras cerradas y corporativas. En cambio, el foro, la asamblea o el ateneo, siendo más abiertas, no logran vencer su naturaleza generalista y ocasional.

La propuesta que hemos elaborado y nos encantaría discutir, cabe en el siguiente cuadro (aquí está su imagen):

dinámica de un laboratorio

 

acción

finalidad

grupo

Constituir un grupo estable.

La función del laboratorio es aquilatar un puñado de conocimientos y prácticas, lo que no se logrará sin la existencia de un grupo comprometido. La presencia en las actividades promovidas, presenciales y virtuales, es una/la pieza clave.

Elaborar un programa de trabajo que incluya una oferta pública de proyectos. El laboratorio seleccionará entre los solicitantes (si los hubiera) un número pequeño de colaboradores.

Experimentar nuevas maneras de producir y distribuir conocimientos de forma colaborativa, rigurosa y distribuida, basados en la economía del don, lo que implica favorecer un régimen abierto de prestaciones y contraprestacion

Captar talento, combinando la voluntad de rigor, el deseo de innovar y el placer de contribuir a proyectos colectivos.

Cada colaborador tiene su propio proyecto de investigación aprobado por los miembros del Laboratorio. Los colaboradores son miembros de pleno derecho del laboratorio.

A cambio de su trabajo reciben el apoyo y orientación del resto. Aunque estén en formación, no son un personal de apoyo, pues el Laboratorio huye de la tentación de recrear estructuras jerárquicas.

objetivos

Conectar con otros colectivos involucrados en las tareas del Laboratorio.

El asunto es cómo evitar la tentación de usurpar la palabra de los concernidos. Podemos ser un grupo de reflexión sin arrogarnos el privilegio de tener la exclusiva en la tarea de definir y cualificar los objetos de estudio.

Pocas estrategias son más eficientes que elegir los temas de discusión con el doble propósito de, por una parte, enraizarse en la realidad y, de la otra, dar la voz a los afectados.

Vincularse con otras organizaciones de naturaleza similar, lo que implica crear un área común que sostenga y sea sostenida por la supuesta confederación de laboratorios.

Trabajar en red, no sólo implica disponer de las infraestructuras necesarias, sino también crear un agenda compartida y un principio de movilización que dará al procomún la visibilidad que necesita.

Elaborar documentos contrastados que sirvan como fundamento y guía a las problemáticas y prácticas concretas, así como a la bibliografía accesible más significativa.

La conectividad no es un fin en sí mismo, sino una parte del proyecto. Para completarlo el laboratorio debe promover la elaboración de documentos temáticos.

Tenemos nuevas tecnologías y tenemos comunidades. La tercera pata de esa mesa son los asuntos en los que trabajamos y la forma final que adoptan las discusiones realizadas.

forma

El laboratorio se reúne periódicamente y discute un texto elaborado por alguno de sus miembros y presentado por otro que explicita las fortalezas y debilidades del escrito. A continuación, se inicia la discusión colectiva.

Todos estos elementos (trabajar en grupo, discusión pública, presentación ajena, evaluación por partes) funcionan como una cascada de dispositivos de control de calidad y automatizan los mecanismos de objetivación.

Antes de la sesión presencial, el texto ha sido subido a la wiki del Laboratorio (WIKomun) y cada miembro, incluidos los colaboradores hacen una pregunta argumentada al texto. Si inicia así una discusión pública de cuya edición y gestión se ocupa el autor del texto.

La existencia de una wiki es imprescindible para que el trabajo experimental (contrastado, explícito, focalizado, acumulativo, colectivo, protocolizado) sea una de las señas de identidad del grupo que, no por nada, quiere llamarse, Laboratorio del Procomún.

El trabajo del autor, editor y moderador de la discusión, tanto en la wiki (WIKomun) como en el MediaLab, consiste en depurar conceptos, concretar posiciones, promover puntos de acercamiento.

Disponer de un hecho es contar con un acuerdo. Lo más importante en un laboratorio no es que se producen hechos, sino que se discute y calibra el alcance de los datos en los que se basan.

 

Texto publicado en tecnocidanos, el blog de Antonio Lafuente. Puedes descargarlo también en pdf: Laboratorio sin muros. Está también disponible en el repositorio Digital.CSIC.


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