Medialab Prado

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María Botella

Mi experiencia en Medialab-Prado

"Aterricé en Medialab por primera vez en el verano de 2008, probablemente para hacer una sustitución de otro mediador cultural. Una amiga de la universidad, Rocío Lara, era mediadora por aquel entonces y me contaba lo que hacía allí. Rápidamente me contagió su fascinación por aquel lugar inclasificable, el cual no conseguí entender bien hasta que me llamaron para cubrir a mi compañero. Y es que para entender algunas cosas hay que vivirlas. Y más, cuanto más diferentes son de nuestras referencias previas. Éste es el caso de medialab, en el que la experimentación con contenidos y formatos en torno a la cultura digital (y a sus implicaciones sociales), se funde en un todo guiado por un enfoque humanista de la tecnología.

Este enfoque impregna todas las prácticas que allí se dan, incluso a nivel interno del centro. Esto fue lo que desde el principio más me atrajo de mi experiencia allí, el grado de libertad y la capacidad de participación que se da a las personas, usuarios pero también trabajadores, como era en mi caso, en prácticas. Esto al principio puede desorientar, ya que no es demasiado usual aquí que alguien te “mande” tareas concretas. En medialab se confía en el sentido común de las personas para escoger por sí mismas la forma de aprovechar su tiempo en pos de su formación, de sus intereses y, claro está, del beneficio común de quienes allí trabajan.

Creo que esa es una de las claves de la mediación cultural, que te permite transitar nuevos caminos al ritmo que tú escoges. El trato humano es la otra cara de la misma moneda. El mediador, siempre en la sala, recibe a los usuarios en el pequeño espacio, como si de una casa se tratase, para ofrecerle un acercamiento personalizado a lo que allí se hace. Unos sólo saludan y otros te miran como buscando una explicación. Entonces tú les vas contando hasta que su atención y su interés empiezan a decaer. Otros quedan entusiamados con el proyecto y quieren averiguar más sobre cómo participar. Es de este contacto directo con las personas de donde emerge la comunidad de usuarios de Medialab, aquellos para los que el centro destina sus recursos y su esfuerzo.

En Medialab, la cultura digital no es tratada como una temática, si no como contexto que posibilita nuevas prácticas en pos de la ciudadanía y la libre creación. Por ello, la sensación no es de trabajar en un centro de investigación tecnología, si no más bien en un proyecto social de carácter integral. El mediador es de alguna forma el que introduce a las personas en estos modos de hacer y de pensar y busca la forma de integrarlas en el proyecto en función de sus inquietudes.

Tras acabar mi primera etapa en Medialab, me volvieron a llamar unos meses más tarde para retomar mis prácticas en el centro. En total, un año y medio de convivencia y trabajo con un montón de personas, muchas de ellas amigas en la actualidad, una oportunidad única que me ha permitido conocer en profundidad el proyecto.

En la actualidad, y gracias, por qué no decirlo, a contactos de Medialab, estoy realizando unas prácticas en un centro de Rotterdam (Holanda), llamado Worm. Al igual que medialab, es un lugar de difícil clasificación dedicado principalmente a la creación audiovisual desde una óptica muy experimental. Con medialab comparte ciertas similitudes, como, por ejemplo, las diversas maneras de participación ofrecidas al usuario: se puede asistir a un concierto, a una proyección, o a diversos talleres, pero además todo el increíble equipamiento que tiene en materia de audio e imagen, tanto analógico como digital, está a su disposición para probar, experimentar y aprender. Además tiene un medialab propio, moddr_lab.

A su vez, es muy distinto a Medialab. Centrado principalmente en la experimentación con técnicas y lenguajes, no se ocupa demasiado de las implicaciones filosóficas y sociales del proyecto. Esto se refleja por ejemplo en su particular manera de comunicar y documentar. En Worm no se busca a menudo hacer inteligible al usuario lo que allí se hace, es underground porque quiere serlo y quien allí se acerca sabe a menudo lo que busca.

Como en Medialab, desde el principio aquí me han dado total libertad para escoger el camino que voy a transitar durante los 9 meses que dura mi estancia. Nada de llevar cafés y hacer trabajo sucio, sólo yo y mi capacidad para sacar el máximo provecho a la experiencia. "

Por María Botella

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