Medialab Prado

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Taller de prototipado

Texto de Antonio Lafuente, director del Laboratorio del Procomún, dedicado a articular un discurso y una serie de acciones y actividades en torno al concepto de procomún. Este texto será analizado en la sesión del 8 de julio de Pensando y haciendo Medialab-Prado por parte de Jesús G. Barahona.

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Taller de prototipado es un texto redactado para contribuir a la reflexión abierta sobre el futuro de MediaLab a la que algunos hemos sido invitados. Su objetivo es mostrar la conveniencia de que MediaLab-Prado se consolide como un espacio para la producción de prototipos. El argumento, basado en la experiencia que hemos aquilatado entre todos, se despliega en tres partes. Empezaremos prestando atención al modelo Interactivos, seguramente el principal activo que hemos atesorado en estos años, y centraremos la atención en los valores que lo han vertebrado. En la segunda regresamos sobre algunas reflexiones realizadas en el entorno del Laboratorio del Procomún que buscaban dibujar un espacio viable acorde con su naturaleza híbrida, entre los protocolos académicos, las tácticas activistas y las demandas ciudadanas. Y, ya en la tercera parte, abordaremos sumariamente lo que queremos decir con la expresión cultura del prototipado, pues si no estoy muy equivocado creo que contiene lo que debería caracterizar las actividades en MediaLab-Prado.      

El modelo Interactivos?

Hablar de prototipos en MediaLab-Prado no es nuevo. Son muchas la conversaciones informales en las que he participado. Tantas, que creo justificado decir que la apuesta aquí defendida no es una ocurrencia del momento, ni tampoco fruto de una moda pasajera. La noción de prototipo, explicita o implícitamente, ha venido siendo una especie de lugar común en el que han caído o encajado, uno tras otro, la mayor parte de los proyectos. En estos momentos, creo que el verbo prototipar es el mejor contenedor para el conjunto de las actividades que hemos venido desarrollando en varios lugares, dentro y fuera de su actual sede en la madrileña Plaza de la Letras. Viene aquí al caso citar la expansión de la plataforma Interactivos? en México DF, Lima, New York y Salamanca, como tampoco está de más recordar el reconocimiento de Ars Electronica a sus métodos de trabajo. Sin duda, es en el entorno de las varias ediciones de programa Interactivos? donde MediaLab-Prado ha adquirido la experiencia en prácticas de trabajo abierto, colaborativo, experimental, meritocrático e internacional.

Sin ánimo de fijar el significado de estos términos, sino más bien con la intención de abrir la discusión sobre el alcance de estas prácticas, me animo a describir, que no prescribir, lo que a mi juicio contienen estos términos:

· abierto: accesible sin restricciones, tecnologías open source                                               

· colaborativo: agenda horizontal, modulación in situ, objetivos abiertos

· experimental: contrastable, tentativo, procesual

· meritocrático: hecho por individuos, sensible al reconocimiento

· internacional: proyectos sin fronteras, concursos abiertos

 

 

La propuesta del laboratorio

En otros textos anteriores hemos defendido la necesidad de que un espacio como el Laboratorio del Procomún logre ensamblar adecuadamente tres culturas cuya importancia en nuestro mundo es indiscutible: la cultura del rigor, la cultura del compromiso y la cultura de la producción. Hoy, un par de años más tarde, seguimos pensando que estas acotaciones siguen estando vigentes y, en consecuencia, merecen ser consideradas en nuestro debate sobre la institución que queremos.

Adaptadas para la ocasión que nos convoca, pueden resumirse en los siguientes términos:

· Cultura del rigor. Hablamos de rigor para minimizar la tendencia al vaporware que muchas veces se percibe en las discusiones informales y abiertas, especialmente en los ámbitos de las humanidades y las ciencias sociales. En absoluto se trata de una nueva manera de acallar las disidencias o de silenciar a los no expertos. Y hay algunas tecnologías (wiki, por ejemplo) que permiten combinar la pluralidad, lo colectivo y la disidencia con lo lo público, la autoría y el rigor.

· Cultura del compromiso. Para eliminar la sospecha de que trabajamos al margen de la realidad, inmersos en una burbuja de correligionarios, un discutidero académico, un chiringito de geniales u otro garito tecnofílico, hay que encontrar la forma de contactar con los colectivos de concernidos/afectados/interesados. Nada nos obliga a reproducir fórmulas periclitadas o a imitar conductas de otros laboratorios o instituciones. Puede haber nuevas formas de articular la obligación y el deseo de compromiso. Tardar demasiado en encontrarlas podría abocarnos a la irrelevancia característica de un club de buenos.

· Cultura de la producción. Para hacer un lápiz o un mapa hay que discutir mucho sobre  materiales, diseño, plazos, costes o distribución. Todo es producido desde una circunstancia  concreta y local. Y así, cada producto nace del contraste de criterios entre los que lo piensan y  los que lo hacen y, desde luego, entre los que lo fabrican o comercializan y los que lo usan o  consumen. La cultura de la producción implica una economía del conocimiento que vertebre una pluralidad de actores que transitan por los espacios de la academia, la fábrica, el mercado o las finanzas.

 

Taller de prototipado

Nuestra propuesta de un taller de prototipado no es más que una forma de nombrar y ordenar las buenas prácticas aquilatadas en Medialab-Prado. Implica, en consecuencia, reforzar el compromiso con la estrategia de interactivos? y continuar la búsqueda de unas prácticas específicas, capaces de sostener una forma distinta de entender la cultura.

El prototipo expandido

El uso enfático que hacemos de la noción de prototipo reclama también algunas acotaciones que nos permitan avanzar colectivamente. La primera de ellas alude a la conveniencia de ensanchar su funcionalidad desde lo meramente artefactual hasta lo simbólico. O, en otros términos, que admitamos la necesidad de ampliar el concepto de prototipo para que no sólo abarque el diseño de objetos, sino también el de servicios, instituciones y redes. Así entendido, cabe prototipar asuntos como, por ejemplo, el desarrollo de instrumentos que mejoren la visibilidad pública de los sin techo o el diseño de un laboratorio de ciencia ciudadana en el centro de Madrid. Expandir la noción de prototipo no es sólo liberarla de sus sesgo objetual e ingenieril, sino también abrirla a la participación ciudadana, los problemas locales y la economía del don.

El prototipo buscado

Un prototipo contiene la visualización de una solución. Se hacen prototipos para ofrecer respuestas concretas a problemas, algo que sólo ocurre cuando lo que visualizamos son formas concretas de acción o, en otros términos, prácticas al alcance de las manos y, en consecuencia, se nos presentan como tecnológicamente posibles, económicamente viables y políticamente recomendables. Prototipar es una actividad que tiene mucho que ver con dibujar, modelar o modular algo con la intención de describirlo para otros. No se prototipa en soledad, para uno mismo. Prototipar no es lo mismo que diseñar o conceptualizar, como tampoco crear algo que se parezca al resultado final que se busca, porque, al contrario, se prototipa para que los involucrados participen, y así estimular las críticas, experimentar con las insuficiencias o contrastar las alternativas. Estamos entonces hablando de una actividad de naturaleza colectiva, empática y visual. Prototipar algo es situarlo al borde de su producción, justo antes de que aparezcan los problemas de propiedad intelectual y puedan obstaculizar el ensanchamiento del bien común.

Innovación abierta

La experiencia dice que hemos de reforzar los modos abiertos de produción. Documentar las actividades, emitirlas en directo, aceptar preguntas y comentarios en tiempo real, subir a la red cuanto se hace, son prácticas que consideramos imprescindibles. Y pueden mejorarse si intensificamos el compromiso con las prácticas 2.0. Mi propuesta concreta tiene que ver con dos iniciativas: una, promover en todos los proyectos un Open Notebook Laboratory que registre y haga accesible las prácticas concretas de cada proyecto, haciendo del Do It Yourself una seña de identidad característica de MediaLab-Prado. La otra, a la que ya nos hemos referido otras veces con el nombre vIDEA, consiste en crear un archivo de piezas breves (ideas por minuto) que encapsulen las propuestas más intensas, más provocadoras y más espontáneas, intentando que ninguna idea quede huérfana.

Hospitalidad como procomún

Hay muchas cosas que me gustan de Mediala-Prado y creo que este texto no ha sido mezquino a la hora de reconocerlo. Pero hay una que me entusiasma y sobre la que no se habló nunca mucho. Me refiero a la hospitalidad o, en otros términos, esa capacidad para la empatía y para dar acogida a las ideas de los demás o para transformarse en una plataforma ciudadana en la que la gestión se concibe como un servicio público: Me gusta que sus paredes se conviertan en una pizarra de trabajo y que en la sala se realicen varios proyectos/encuentros simultáneamente, como también que su mobiliario se mueva cada día en la búsqueda de nuevas configuraciones más amables. Lo fácil es hablar de sinergias, cooperación o escasez de recursos, pero a mi me gusta imaginar esta congestión como causa y efecto de la generosidad, la libertad y las buenas maneras. Me encanta la idea de convertir el espacio público en el ámbito de la hospitalidad.

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